El camuflaje del “No obedezco para salvarme sino porque soy salvo”

Por Saúl Roldán y Haroldo Camacho

camuflaje

En la frase, “para” indica propósito: no obedezco con el propósito o la finalidad de salvarme. Pero ¿es correcta esta declaración? ¿No contradice esta expresión lo que enseña la Biblia: “el que haga estas cosas vivirá por ellas” o la persona que obedece vivirá? ¿No fue condicionada la vida del hombre a la obediencia, no fue su acto de desobediencia la que lo expulsó del Edén? ¿No dice Pablo que los hacedores de la ley son los justificados y, en otro lugar, que está bajo maldición todo el que no permaneciere en todas las cosas escritas en la ley? ¿No afirma el mismo Jesús que si deseas entrar a la vida debes guardar los mandamientos? La conclusión es clara: Debemos obedecer para salvarnos, ¡esa es la demanda!, la obediencia es el camino a la vida; menos que esto, es tener en poco la perfección moral y la justicia divina.

Algunos tienen la idea de que la gracia echó a un lado la responsabilidad del hombre. Si esto fuera así, Dios dejaría de ser Dios y nosotros criaturas. Adán pretendió que colocándose en igualdad con Dios podría librarse de su responsabilidad. Dios por otro lado, al hacerse hombre, tomó forma de siervo y se hizo obediente hasta la muerte, y demostró que el camino a la reconciliación se encuentra en la obediencia. La gracia provee el remedio a la demanda, no la ignora. En otras palabras, la preservación de la vida siempre ha estado condicionada a la obediencia, y aún lo está. Es esta realidad la que hace necesaria la gracia; y si se la tuviese en mente en todo el trayecto de la vida cristiana —no sólo al principio— nuestros ojos nunca se desviarían de la justicia que tenemos en Cristo a la diestra de Dios.

Por lo general aquellos que dicen: “no obedezco para salvarme” confiesan —sin darse cuenta, quizás— que de ellos se exige obediencia perfecta, pero la obediencia que ofrecen es imperfecta y no logrará salvarlos.  Si esta es su convicción —y me parece que lo es—, ¿cómo entienden la obediencia en la segunda parte de la frase: “obedezco porque soy salvo”? En realidad es esta parte de la expresión la que revela el  verdadero concepto de salvación que tienen.

En sus mentes la “obediencia” en la primera parte de la expresión no significa lo mismo que en la segunda. En la segunda pretenden que Dios acepta la imperfecta obediencia que ofrecen, que es de su agrado, y la consideran como si llenara los requisitos. Si desde el punto de vista de Dios la obediencia es armonía con su carácter, entonces, “obedezco porque soy salvo” implicaría que estamos en armonía con Dios; cosa que contradeciría la declaración: “No obedezco para salvarme”.

Me llama la atención que las personas que dicen: “obedezco porque soy salvo” son aquellas que insisten en la importancia de sus obras. Cuando las confrontas se escudan en esta frase como si con ella probaran el lugar de las obras en la salvación. La expresión llega a convertirse en una forma de asegurar el papel de las obras para retener la salvación. Pretende asegurar que aunque Jesucristo hizo la mayor parte, en última instancia continuar disfrutando del perdón depende y descansa en nuestra respuesta obediente. Algo así como: Cristo pagó mi deuda al Padre, ahora necesito pagarla a Cristo.

¿Es tu obediencia la manera de saber que te encuentras entre los redimidos? ¿Crees que Cristo te salvó por gracia y ahora retienes la salvación con tu obediencia? ¿Miras a tu obediencia para obtener tu paz? ¿Cuándo pecas contra Dios, piensas que él puede abandonarte?  Si respondes que sí, tu confianza está puesta en las obras y no en lo que Cristo completó por ti de una vez por todas.

La obediencia jamás puede separarse del perfecto amor, pues el amor es el cumplimiento de toda ley divina. Es importante mantener este vínculo, entre la obediencia y el amor. La obediencia y el cumplimiento a preceptos divinos pueden fingirse ante los hombres. El fingimiento está enraizado en la misma naturaleza pecaminosa del hombre, de tal modo que podemos fingir sin darnos cuenta que estamos fingiendo. Pero no así con el amor, el amor no se puede fingir.

De modo que cuando alguien dice: “No obedezco para salvarme, sino que obedezco porque soy salvo” lo que de veras está diciendo es: “Yo no amo a Dios y al prójimo para salvarme sino que amo a Dios y al prójimo para no perder mi salvación.” Lo que manifiesta que todavía hay jactancia y confianza en la carne para salvación. Pues ese amor que Dios requiere para la salvación, y que presuntamente dices que no ofreces a cambio de tu salvación, es el mismo que dices que ofreces después de tu salvación. Entonces, si lo ofreces después de tu salvación, ¿por qué no ofrecerlo antes?

En el tema de la salvación y el amor (la obediencia) no estamos hablando de cualquier amor. Estamos hablando de un perfecto amor, divino, puro, totalmente desinteresado, sin fingimientos, disimulos, caprichos, constante, sin desvío alguno a otro objeto de amor o afecto, ni por un instante, perfectamente leal, resoluto, sacrificado; estamos hablando del perfecto amor de Dios en Cristo hacia todo pecador. Ese es el amor que Cristo presenta ante el Padre a tu favor, esa es la perfecta justicia de Dios que suple nuestra total incapacidad de amar con ese amor que requiere la justicia de Dios.

Entonces, si eres incapaz de presentar ese mismo amor antes de tu salvación, ¿pretendes presentarlo después de tu salvación? Eso es lo que quieres decir con “obedezco porque soy salvo”. Porque cuando dices que “obedezco” estás diciendo que “yo amo a Dios y al prójimo con el mismo amor que llevó al Señor, el Verbo Eterno, a humillarse y hacerse hombre”, un amor perfecto, constante, puro, resoluto, hasta la muerte y muerte de cruz. ¿Acaso puede tu amor, ahora, después de la salvación llevar los pecados del mundo en su ser? Pues si eres honrado contigo mismo, ahora, después de que has sido salvo, hay momentos en que ni te aguantas a ti mismo, no te amas como debieras, y mucho menos amas a Dios y a tu prójimo como debieras.

Este concepto de “obedezco porque soy salvo” es la justicia de la carne en su manifestación más sutil y engañosa. Porque lo que de veras declaras es que “amas perfectamente como Jesús amó “.  Por tal razón en tu vivencia cristiana vas a estar fijándote en tu calidad de amor, y no en la calidad del amor con el cual fuiste salvo: el perfecto amor de Cristo que lo condujo a llevar tus pecados en su cuerpo sobre la cruz.

En fin, en ningún momento, ni antes ni después de tu salvación, debes ni puedes aferrarte a tu amor como prueba de que eres salvos. ¿Quieres ver prueba de que fuiste salvo? No mires a tu amor, tu obediencia, ni a tus mejores sentimientos. Mira a la cruz, allí está la prueba de que lo fuiste, mira a su gracia maravillosas con la que acoge en su comunión a personas como tú, allí está tu evidencia. La prueba más grande de amor necesario para tu salvación Cristo la dio en cumplimiento a la justicia; el amor que expresó en compasión y gracia hacia el enemigo y en su entrega en sustitución de aquellos que le menosprecian. Como bien se ha dicho: el amor es el cumplimiento de la ley, y no hay, ni habrá, otra clase de amor perfecto como el que manifestó el Salvador al tomar el lugar de los pecadores, obra que es entera y totalmente tuya y mía por la sola fe.

Al emplear la frase “obedezco porque soy salvo” para establecer la identidad del salvo, lo desvías de la obra de Cristo y lo conduces a mirarse a sí mismo. ¿Cómo puede estar seguro el creyente de que Dios acepta esa obediencia, que en el fondo, el honesto cristiano, reconoce que es imperfecta?

Para aquellos que entienden que por gracia Dios los considera justos en virtud del Cristo que los representa con su justicia en los cielos, el “obedezco porque soy salvo” se convierte en “soy salvo por gracia porque no obedezco” en confesión de su propia imperfección. La obediencia que producen es imperfecta y tienen que mirar en cada momento a la obediencia de Cristo para continuar disfrutando de paz; porque aun el más grande de los santos cuando obedece, en su intento por honrar a su Señor, se ve asaltado de innumerables caídas. El santo de Dios obedece con un sentido de profunda humillación, golpeando su pecho sin atreverse a mirar al cielo, convencido que si no fuera por la bondad de su amante Padre, que decide cubrir con sangre las imperfecciones de sus hijos, se vería atormentado por la enormidad de su culpa.

En realidad ellos no “obedecen porque son salvos”, no se engañan a sí mismos pensando que su obediencia imperfecta cumple con la norma. Su obediencia es un intento, un agonizante intento por poner por obra la voluntad de su Salvador. La gracia y el amor que han recibido los impulsa, les hace desear hacer lo que no tienen la capacidad de hacer.

Nuestra intensión en este artículo no es menospreciar la obediencia, ella tiene su lugar en la vida cristiana, y es de gran importancia; con todo, en lo que a la salvación y seguridad del creyente se refiere, no puede aportar nada. Nuestra intención ha sido desenmascarar a los defensores de la salvación por obras que se visten con un falso manto de justicia para engañar. También para que aquellos que emplean esta frase sin darse cuenta de sus implicaciones, que puedan ver el daño que hacen al no ser claros al exponer la verdad.

En conclusión, pretendimos demostrar el error y la intención detrás de la expresión: “no obedezco para salvarme, sino obedezco porque soy salvo”. Argumentamos que la frase no se la emplea para sostener la gracia sola, se la utilizan como camuflaje para ocultar lo que abiertamente no se atreven confesar: que su confianza está puesta en las obras. Estos desean atribuir a su obediencia (su amor) un lugar en su redención, y exigen que le demos algún crédito, alguna virtud salvadora, aunque insignificante.

Lo que llamamos obediencia en el cristiano, ante los ojos de un Dios infinitamente perfecto, es un intento por obedecer, que aunque noble y sincero no da la medida. Es una guerra sin tregua que mantenemos toda la vida. Ante el mundo aparentamos obtener grandes victorias, pero ante el tribunal de la perfección divina sabemos que nuestro amor es imperfecto, que nuestra obra es imperfecta, que nuestra adoración se queda muy por debajo de honrar a Dios. Por tal razón el cristiano ruega al Cielo que no tome en cuenta esos imperfectos actos de amor para su justificación; mientras gime deseando el día cuando Dios erradicará la maldad de su corazón, y le da gracias porque lo colocó bajo la cubierta de aquella obra perfecta que Cristo realizó. El “consumado es”, es la gloriosa confesión de la cual vive.

4 thoughts on “El camuflaje del “No obedezco para salvarme sino porque soy salvo””

  1. Faltan palabras para describir el maravilloso amor de Dios por criaturas tan viles y tan merecedoras del infierno, como somos los seres humanos, que perseveramos en mantener vivo en nuestro corazón un alto comcepto de nosotros mismos. Hermano, muchas gracias por sus palabras, que son tan necesarias en estos tiempos en que existe tanto engaño, además de que hay tan poco entendimiento de estos temas, que Dios siga alumbrando su entendimiento, para que nos siga edificando. Que la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con usted y su esposa.

    1. Gracias por sus palabras motivadoras, esperamos que nuestros escritos puedan servir de bendición y aclaren a los creyentes en donde se encuentra su perfecto descanso: en Cristo. Háblele a otros de nuestra página. Bendiciones.

  2. De todas maneras debemos obedecer a Dios. Los que no quieren dejar sus pecados libremente, serán disciplinados tarde o temprano para que los dejen a la fuerza si es necesario.

    Si es que somos disciplinados por Dios es señal de que somos sus Hijos y andamos en salvación.

    Una vez que nos liberamos de las obras de la carne, el Espíritu Santo puede movernos a hacer las obras de corazón y con amor.

    Así es Dios y para eso está su disciplina, para que andemos no solo en amor sino también en temor de Dios. El temor de Dios es parte de la salvación.

    Por algo dice la Biblia que nos ocupemos de nuestra salvación con temor y temblor. Dios al que ama, disciplina…

    1. Es muy cierto que los santos son personas que procuran someter su voluntad a la voluntad de Dios, que luchan contra los apetitos de su carne, no obstante esta no es ni será la base de su seguridad y salvación. Recuerde que nuestra obediencia es imperfecta y toda imperfección es indigna de elogio por parte de Dios. La única justicia u obediencia en la cual él se complace y con la cual está satisfecho es la de Cristo. En ella se encuentra la seguridad del Creyente.

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