Buscar_la_seguridad

Dónde el creyente buscará su seguridad

Buscar la seguridadCuando se le pregunta a muchos cristianos cómo saben que son salvos, o pertenecen a los elegidos, por lo general aseguran poseer la bendición porque creen. Ellos tienen fe en su fe. La fe es de gran importancia en la vida de todo creyente, sin embargo, éste no debe mirar a su fe para encontrar seguridad. Cuando lo hace niega la fe, pues la naturaleza de la fe consiste en mirar fuera de sí misma para otorgar seguridad. La fe, como los ojos, que no pueden mirar hacia dentro, siempre tendrá que mirara hacia fuera. Donde existe la verdadera fe, paradójicamente, hay un descubrimiento de la imperfección de la fe, y como siempre acompaña a ésta el fantasma de la incredulidad.

El cristiano tampoco puede mirar a su crecimiento espiritual para encontrar seguridad, pues una de las evidencias de que está creciendo es que verá cada día su propia imperfección y lo depravado de su corazón. Por lo que su crecimiento espiritual en lugar de asegurarle que su justicia personal es agradable a Dios, lo hará temer ante la perfección divina. Solo fariseos puede alardear de su propia justicia. El santo de Dios confesará que es un impío. Nada en él puede servirle de fundamento para su paz, por lo tanto, lo buscará fuera de sí, en la revelación que Dios ha hecho en su Palabra.

Esa Palabra es la que se encarnó, la misma que se predica en el mensaje cristiano. En ella se proclama que Dios desde el mismo principio constituyó a Cristo tanto el Elegido como el Reprobado; que por causa del mundo Dios lo rechazó y lo hizo un vaso de ira. El evangelio viene al mundo de hombres condenados, que no merecen ninguna bendición. Viene a anunciarles que, en Cristo, Dios resolvió de una vez y para siempre el problema de la humanidad. Que soberanamente hizo del Cristo el vaso en donde depositar toda su ira, como toda su bendición, de manera que en él eliminó todo obstáculo para que el hombre reciba el perdón.

El evangelio no es el anuncio de una condición: si crees Dios te perdona. Es el testimonio de que tal bendición ya se obtuvo. En las ocasiones en donde expresiones como éstas se utilizan no es para que pensemos que el perdón se logra en el momento en que creemos, más bien nos llama a participar de lo que ya fue realidad en Cristo. El evangelio comienza con el anuncio, con la buena noticia de que ya se logró el perdón del hombre, que en Cristo, el Elegido, él está incluido; que Dios lo ha hecho reinar a su diestra, que es un amigo de Dios, que se lo justificó. Es una salvación toda inclusive, porque no es algo que acontece en el hombre, sino en el Hombre Cristo.

El hombre puede tener seguridad de ser un elegido porque Dios exhibió a Cristo como el lugar en donde se reconcilió con el hombre. En cuanto a la reconciliación, expiación, en fin a todo cuanto pertenece a la salvación se refiere, no hay un después, un algo más en lo cual el hombre deba participar. Somos tan solo espectadores de este drama en donde vemos saldarse nuestra deuda. Al tercer día se nos permitió ver el inicio de la nueva creación, para que entendamos que todo fue hecho, y está hecho.

Al terminar esa obra la revelación desciende en el Espíritu y la palabra y nos comunica que hay una nueva humanidad con la cual Dios se relaciona a partir de ese momento, y esa nueva humanidad es Cristo. En él, el Eterno Juez pronunció una palabra de rechazo respecto al hombre, y en él también lo eligió.

El evangelio atestigua que la bendición es para todos, que a ninguno se lo excluyó de la bendición que emana del corazón misericordioso de Dios, y tú, amigo lector, eres parte de ese todo.  Cristo asumió la humanidad, no la naturaleza angelical, testifica Hebreos. Esto hizo para redimir a esa clase de criatura tan especial para él. Todos los que pertenecen a esa humanidad reciben la bendición. Si eres humano la bendición es tuya.

Él es el banco donde Dios depositó todos los tesoro de su gracia. Él es tanto el José que administra los graneros de Dios como los graneros en donde se encuentra depositada la gracia de la aceptación y la elección. Él es el nuevo Adán del cual todos somos miembros, y participamos de todas sus riquezas. Las riquezas de Cristo es el regalo que pertenece a la humanidad que asumió. El problema de la elección calvinista es que no logra ver las implicaciones de la encarnación. Para ellos la encarnación es un medio para alcanzar un fin. En la revelación bíblica es en la encarnación que se logra ese fin, el Cristo es la nueva realidad de Dios. El Creador da forma en sí mismo a la nueva humanidad y al hacerlo se reconcilia con su criatura. Cristo no es el Salvador de un hombre, él es el Salvador del ser humano, de esa humanidad que lleva en su propia carne. Al hacerse hombre aseguró el destino de todos aquellos con los cuales comparte carne y sangre. En Cristo todo lo humano, todo lo que pertenece al hombre, encuentra su plenitud y perfección.

La fe no hace estas cosas realidad, la fe simplemente es el abrir de ojos a esa realidad. Es la libertad para ver, la libertad para afirmar que Dios es soberano, que Dios ha consumado su salvación en el Hombre Cristo, en la nueva humanidad de la Nueva Creación. En esa obra ninguno tiene participación, porque todos aquellos a los que Dios llamó, ninguno respondió.

Ninguno de la antigua creación puede responder, son esclavos de Satanás, se encuentran muertos en sus delitos y transgresiones, están bajo el juicio de Dios. La gracia, en la predicación de esa historia, armada con la palabra de la reconciliación, libera al hombre de su esclavitud para que pueda venir a Dios. La luz verdadera alumbra a todo hombre que viene a este mundo. Le da ojos para ver, oídos para escuchar, y lo redime del endurecimiento de su corazón para que pueda venir a Dios. El Dios soberano así lo decidió.

La antigua creación no se la renueva, hay que destruirla y esto hizo Cristo en la cruz. La palabra del mensaje Cristiano debe asegurar a todo aquel que la oye que él está incluido en esa humanidad que Cristo posee, que las riquezas de Cristo también le pertenecen. La seguridad de la reconciliación han de disfrutarla quienes se nieguen a buscarla en sí mismos y la busquen fuera, en la persona y experiencia de Cristo.

 

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